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9 mar 2012

Mientras escribo

Hay un libro de Stephen King (uno de mis escritores predilectos) que se llama justo así "mientras escribo".
Tengo varios relatos escritos y una historia bastante larga que publicaré por capítulos. La cuestión es... ¿en que pienso mientras escribo? suelo pensar en como me siento y la mayoría de mis historias son justo eso, pensamientos que pasan por mi cabeza a la velocidad de la luz.
Siempre intento que mis relatos contengan algo de amor pero siempre acaban convertidos en relatos de desamor, odio y rabia. Igual me ocurre con las poesías, siempre acabo escribiendo algo triste y doloroso.
Es mi estado de ánimo, siempre me suelo sentir así y es mucho más inspirador para mí escribir en esas circunstancias. Podría bien escribir mi vida por capítulo y puedo asegurar que sería una gran historia, supongo que, en cierta manera, todas las vidas lo son.
Así que... mientras escribía un relato acerca de lo que puede significar que te digan  "para siempre", se me ha ocurrido una historia sobre una mujer que escribe lo que no puede decir, que se esconde tras las letras, que aprovecha el anonimato de escribir en tercera persona. Como dijo Neruda... puedo escribir los versos más tristes hoy... y lo haré, a mí manera, como siempre...

10 feb 2012

El otro lado

Estaba sentada frente a un espejo. Llevaba un falda corta negra de cuadros y un pequeño corsé. Miraba su reflejo, miraba sus ojos donde la pintura negra corría por sus mejillas y destacaba sobre su piel blanca como la luna. Había sido una noche larga.
Una larga fiesta descontrolada donde no recordaba donde ni con quién había estado. Había despertado tirada en el suelo de aquella habitación, se sentía cansada y con la cabeza en mil sitios a la vez. Cuando levantó la cabeza y vio su reflejo no se reconoció. Se acercó y se sentó frente al espejo.
No dejaba de mirarse largamente, escuadriñando cada uno de sus rasgos sin ser capaz de autoreconocerse. ¿Era ella? ¿Dónde había quedado su larga melena negra brillante que a todos llamaba la atención? y sus ojos... ya no tenían ese brillo especial que despertaba admiración, sólo eran dos manchas negras hundidas por unas ojeras con un color entre negro y morado. Su piel era pálida... demasiado pálida, ya no lucía sus mejillas sonrojadas ni su moreno dorado.
Miró su cuerpo escuálido y no lo reconoció. ¿Cuanto hacía que estaba así? su cuerpo moldeado y atlético había acabado convertido en eso que ahora veía reflejado en el espejo.
Apoyó su mano en el espejo, echó la vista atrás, a otro tiempo a otro lugar... cuando siempre sonreía, cuando era aquello que quería, cuando no había límites....
Seguía pensando sin darse cuenta de que una mano salía del espejo y tiraba de ella hacía dentro.
Miró con horror hacía el espejo y vio su propio reflejo tirando hacía ella con furia, gritó, luchó con fuerza contra el espejo, la cara al otro lado sonreía y seguía tirando de ella.
Cuando tenía medio cuerpo dentro cogió una bota y rompió el espejo, su reflejo al otro lado gritó y mil pedazos de cristales cayeron a su alrededor. Durante un segundo pudo ver lo que había al otro lado y era su otra vida, aquella que la llenaba de alegría, de paz, de amor... intentó meterse entre los fragmentos del espejo pero... era tarde.
Quedaría atrapada para siempre en ese mundo de sobras, oscuridad y tristeza que ella había elegido. Nunca volvería al otro lado, donde su reflejo le esperaba para hacerle volver a ser quien era.

30 nov 2011

Lado oscuro.

Hacía frío en la calle, tiritaba bajo la ropa sin conseguir entrar en calor. Frotaba sus manos con furia una contra otra intentando, sin éxito, un mínimo de calor. Estaba frente a la puerta de su casa, la miraba con miedo y preocupación, con la incertidumbre de saber que pasaría hoy.

Suspiró con fuerza, metió la mano en su bolsillo y cogió la llave. Se quedó mirándola con una sonrisa estúpida. Volvió a suspirar para acallar esa agonía que sentía dentro de ella.
Finalmente, sin pensar más, metió la llave en la cerradura, la giró y entró.

Todo tranquilo, eso parecía. Entró y se dirigió a su cuarto sin decir ni hola, tal y como su madre le había aconsejado.
Temblaba un poco y se dio cuenta, estúpidamente, que no era el frío lo que le hacía temblar. Era el pánico.
Una vez entra en la habitación se siente más tranquila. Acaricia a sus mascotas, las mira y eso le hace sacar una medio sonrisa.
Se tumba en la cama, está agotada y sin ganas de nada. Son días difíciles, cada mañana al levantarse sólo le acompaña la incertidumbre paso tras paso.
Cuando se relaja un poco y nota como su cuerpo pierde fuerza empiezan los gritos.

  • Otra vez no...

Susurra en silencio, sin apenas tono en la voz. Ya no tiene vitalidad para aguantarlo, ya no siente que pueda más.

Los gritos van cada vez a más, oye a su madre llorar.
Ella misma empieza a encontrarse mal. ¿Qué puede hacer? ¿Meterse otra vez en medio?
Ya no tiene fuerza para pensar, no tiene fuerza para tomar decisiones. Está vacía. Sin alma. Sin dueño.

Sabe que pasará algo, algo malo. A veces siente una fuerza descomunal, agresiva y nota a esa otra “persona” dentro de ella. La escucha gritar porque quiere salir pero siempre logra acallarla. Siempre es más fuerte ella.
Ahora esa otra está ganando terreno. Hacía cada insulto y humillación que oye hacia su madre, esa parte clama más y más por salir.

Sabe que al final saldrá, dejará que toda esa fuerza anti natural salga fuera. Entonces pasará... claro que pasará.... aún tenía fuerza para controlarla pero... ¿Podría hacerlo mucho tiempo más? Y lo importante no era eso... lo importante de verdad era...

¿Quería controlar a el demonio que se alojaba dentro de ella y que sólo esperaba su debilidad para salir y hacerse con el control?

Se tomó un tranquilizante, estaba demasiado estresada, estaba demasiado preocupada. No podía más. No comía pero podría dormir.

Y mientras durmiera, la bestia estaría en un largo letargo.