Son seres que habitan en los bosques, por lo que se relacionan siempre con entornos naturales. Son consideradas una especie de hadas, de sexo femenino, aladas y muy bellas. Responden a la figura de seres nocturnos que poseen una fisionomía antropomorfa, presentando, generalmente, patas de ave palmípeda en vez de pies. Suelen ocultarse durante el día, ya que la luz del sol anula su poder, y es por la noche cuando mantienen su mayor actividad. Son coquetas y cuidan su belleza pasando horas peinando sus cabelleras con peines de oro. Este peine es el símbolo de su poder, y la atracción que sufren los humanos por poseerlos es lo que hace que las lamias demuestren su ira. Muchas leyendas cuentan cómo los humanos robaban estos peines y no paraban de sufrir desgracias hasta que los devolvían. Se dice que podían vivir durante cientos de años.
Cuenta una leyenda que un pastor y una lamia se enamoraron e incluso llegaron a prometerse. Pero el pastor, al ver los pies de pato de la lamia, la abandonó y murió al poco tiempo. La lamia llegó a acudir a su funeral, pero no entró a la iglesia.
Cabe añadir que en muchas localidades españolas, el mito de las lamias tan extendido en el folclore vasco, se adapta en la Leyenda de la encantada.

3 comentarios:
Muy interesante el post :)
Me fascina la mitología, besitos para ti, guapísima!
A mí también me encanta la mitologia :). Perdón si no comento últimamente, estoy con los exámenes finales y estoy que no paro. Besos!
YO SIEMPRE HABÍA PENSADO QUE LAS LAMIAS TENIAN DE CINTURA PARA ABAJO COLA DE SERPIENTE,,, PERO SUPONGO QUE HAY MUCHAS LEYENDAS SOBRE LAS LAMIAS.
OS RECOMIENDO EL POEMA: LAMIA, DE CLARK ASHTON SMITH.
Fuera de su guarida del desierto la Lamia vino,
una serpiente deslumbrante tallada como mujer,
me encontró allí, y me saludó por mi nombre altivo;
Los amados labios de días ahora lejanos
entonaron un canto, y cuando escuché a Lamia
me pareció sentir la encarnación de algún santo.
Su belleza letal como un filtro se agitó
a través de mi sangre, echando luz a mi corazón:
me prometí a ella con un ardor inmutable;
Por las extrañas motas blancas de su cuerpo,
por las cosas innombrables que se arrastran entre ambos,
y por los muertos que yacen con nosotros en la noche.
Su piel era más fría que las víboras del pantano,
sin embargo, sobre su pecho perdí mi antigua desdicha
y encontré una alegría prohibida a los profanos.
Fue hace mil años, en el desierto,
que tomé la mano de mi bella Lamia,
y ya nunca más volverán a pasar,
nunca más, aquellos mil años desde que estoy muerto.
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