Seguía avanzando por el bosque, llena de miedo, de angustia. Tenía hambre, pero sobretodo, tenía tanto frío...
Cada vez más cansada, más temerosa, más dolorida. Casi no podía andar, demasiados obstáculos en su camino, demasiados ríos que cruzar, trampas que evitar. Tenía que estar despierta. Tenía que llegar a su destino.
Sabe que no debe acercarse, le hará daño. Pero se siente atraída por él. Siente una mezcla de miedo y curiosidad.
Finalmente, llega a donde se encuentra el lobo, se miran. No puede evitarlo, quiere hundir sus dedos en ese hermoso pelaje, le acaricia con suavidad. Al principio el lobo se muestra desconfiado y a ratos agresivo, luego se deja llevar por las caricias de ella. Tiene tanto frío... se acurruca junto a él, él le deja hacer. Ese lobo está tan temeroso y tan dolorido como ella.
Y acurrucados en la noche, con la luna plateada iluminándoles, firmaron un pacto donde no hacen falta palabras.

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